Es muy cariñoso, aunque es de armas tomar, es celosillo y tiene mucho sentido de la propiedadad
y odia que le molesten cuando se echa sus sietas. Se vuelve loco de contento cuando escucha la palabra "calle", te mira con esos ojitos redondos y marrones brillantes, gira la cabeza y salta encima para a lametazos agradecerte que le des su paseo.
y odia que le molesten cuando se echa sus sietas. Se vuelve loco de contento cuando escucha la palabra "calle", te mira con esos ojitos redondos y marrones brillantes, gira la cabeza y salta encima para a lametazos agradecerte que le des su paseo.
Le encanta sentarse en el regazo de sus amos, y de hecho en este momento hago malavares para poder escribir.
Es la alegría de la casa, se pone muy contento cuando viene alguien, le recibe con su gracioso de movimiento de rabito y sus saltos, sus lametazos, y de premio te deja acariciarle la tripita, uno de sus hobbies favoritos.
Los días que no trabajo me viene a despertar para que nos vayamos de paseo, aunque a él le moleste que le perturben el sueño, no tiene la misma consideración hacia los demás pero su carita hace imposible que uno de enfade con él.
La gente a veces nos mira cuando paseamos por la calle porque cuando hace mucho frío se pone su abriguito rojo o si llueve su chubasquero de camuflage, pero no entienden que nadie pueda querer a su perro como quiere a un hermano.
Yo siento eso por mi perro y mucho más, le tenemos entre algodones y consideramos que es un regalo del cielo por lo bueno que es y por el cariño que aporta con sus pequeños gestos. Como te pone la patita en la pierna cuando quiere algo.
Por eso es difícil entender que existan personas que maltraten a sus perros. Hoy en el paseo nocturno de Dobby y yo, nos hemos encontrado con una tía pegando a su perro como si fuera un saco de patatas. Es curioso que hace algún tiempo discutiera con ella porque mi perro hizo pis en un arbol de un trozo de tierra, que está lleno de restos de obras, basura y demás. Que le preocupara tanto que mi perro hiciera pis en un arbol, y que luego tenga la sangre fría de pegar al pobre aninal que viene a ser una especie de alarma.
Los animales tienen sentimientos, aunque mucha gente no lo sepa, tienen miedo como nosotros, o felicidad. Lloran la pérdida de un ser querido y realizan más muestras de cariño que muchos humanos (entre los que me incluyo), son fieles hasta la muerte y más agradecidos que los hijos a sus padres. La única diferencia con nosotros es su absoluta desprotección.
Cuando paseo con Dobby muchas veces se lo digo (sí, le hablo a mi perro) que no sabe la suerte que ha tenido, ni nosotros ¡claro!